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Reavivar el espíritu de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

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El diálogo inaugural de Hernan Santa Cruz sobre los derechos económicos, sociales y culturales, que se centra en el refuerzo de la protección social en Sudán

Declaración de Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos

Universidad de Jartum, 20 de octubre de 2020

Saludo a los Señores Ministros, Embajadores y a todos los presentes en Sudán y en todo el mundo.

Este ha sido un año de acontecimientos extraordinarios. En Sudán, la revolución popular y el coraje del pueblo sudanés han servido de inspiración para muchos de nosotros. Pero también estamos lidiando con graves crisis, incluidos los trastornos creados por la pandemia de la COVID-19, en todo el mundo y a la vez que celebramos el 75º aniversario de las Naciones Unidas.

Hoy nos reunimos en todo el mundo para rendir tributo al legado de Hernán Santa Cruz, un diplomático chileno que participó en el comité de redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Sus aportaciones —y en particular, su defensa contundente de los derechos económicos y sociales, a pesar de una fuerte oposición— le convirtieron en un artífice fundamental de nuestro sistema actual de derechos humanos de las Naciones Unidas, y en fuente de sabiduría que puede orientar a las personas y a los responsables de políticas a enfrentarse a todos estos considerables desafíos.

La Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de Derechos Humanos comprometieron a los Estados a crear un nuevo contrato social en aras de un mundo libre de temores y carencias. Las sociedades acordaron desde el punto de vista político, económico, social y cultural trabajar para lograr los derechos fundamentales de los seres humanos. La cooperación internacional vendría a enfatizar este planteamiento basado en los derechos. El respeto de la igualdad humana, la dignidad y los derechos es una necesidad para todos los gobiernos, organizaciones y órganos de la sociedad.

Y como argumentó Hernán Santa Cruz, esto también significa hacer realidad los derechos económicos, sociales y culturales, que resultan esenciales y son inseparables de los derechos civiles y políticos.

Esta visión, que Hernán Santa Cruz defendió tan firmemente, también incluía la necesidad de la cooperación y solidaridad internacionales. Esta visión contribuyó a la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo, que se adoptó en 1986, y resulta clave para crear sociedades más resistentes e inclusivas en todas las regiones del mundo, a medida que trabajamos para recuperarnos del impacto de la pandemia y de la recesión actual.

A fin de apoyar esta visión, hoy nos encontramos lanzando una nueva plataforma para establecer un diálogo progresivo sobre los derechos socioeconómicos vinculados a los desafíos de nuestro tiempo.

Con el conjunto de diálogos que se inicia hoy pretendemos implicar a las personas de todo el mundo, darles mayor voz y empoderarlas para que se conviertan en agentes del cambio.

Queremos que se vuelva a prestar atención a los derechos económicos, sociales y culturales, así como al derecho al desarrollo, en la formulación de políticas, además de garantizar que el ejercicio de los Objetivos de Desarrollo Sostenible se base firmemente en los principios de derechos humanos de igualdad y no discriminación, participación y rendición de cuentas.

El legado de Hernán Santa Cruz tiene mucho que enseñarnos sobre la importancia que revisten estos derechos, en qué hemos fallado y cómo se puede cambiar la situación.

Tras muchos años de conflicto, crisis humanitarias, desplazamientos masivos y pobreza constante, el pueblo sudanés tiene muchas enseñanzas que compartir con el mundo a este respecto.

Es un momento de esperanza en este país. La aplicación eficaz del acuerdo de paz que se firmó el 3 de octubre ahora podría allanar el camino para fomentar los derechos económicos y sociales, incluso para abordar las disparidades y desigualdades regionales, que han constituido una fuente de tensión permanente.

Acojo con agrado las recientes reformas de la legislación, incluidas la prohibición de la mutilación genital femenina, la eliminación de la discriminación contra las mujeres en la legislación, la protección de la libertad de religión o de creencias, y una mejor protección de los derechos del niño.

Asimismo, encomio los esfuerzos renovados y redoblados que se han realizado para ayudar a los grupos pobres y marginados por medio de programas selectivos, como el Programa de apoyo familiar y el "Programa de mis productos básicos".

Sin embargo y al igual que en muchas naciones del mundo, necesitamos ver la adopción de más medidas que garanticen el disfrute de al menos los derechos económicos y sociales mínimos para todos.

La pandemia actual viene a demostrar que el establecimiento de unos sistemas integrados para la protección social no solo es lo más acertado, sino lo más inteligente. Esos y otros sistemas basados en derechos humanos —tales como la cobertura sanitaria universal y la educación primaria universal, respaldadas por la legislación y políticas con mecanismos sólidos de rendición de cuentas— constituyen herramientas de subsistencia fundamentales que protegen a las comunidades de la pobreza extrema y permiten que las economías sigan funcionando en épocas de crisis.

Animo a los países como Sudán a que se embarquen en acciones concretas y bien orientadas con el máximo de recursos disponibles —incluso mediante la asistencia y la cooperación internacionales— para lograr progresivamente un sistema de protección social universal e integral que no deje a nadie atrás.

Será conveniente liberar al pueblo sudanés del impedimento que representan las sanciones que se les impusieron antes de la transición de gobernanza del país. Me resulta alentador la Conferencia de Asociación de Sudán celebrada en junio, en la que los participantes se comprometieron a aportar un total de 1,8 mil millones de dólares, además del compromiso por parte del Banco Mundial de conceder una liquidación adicional de atrasos previos de hasta 400 millones de dólares.

Una institución nacional de derechos humanos sólida, independiente y eficaz, con un mandato amplio también en materia de derechos económicos y sociales, podría ofrecer ayuda vital para abordar la falta de derechos económicos y sociales, los cuales han sido la causa de numerosos conflictos y reivindicaciones.

Hoy todas las sociedades se hallan en una encrucijada. Nuestras sociedades y economías están siendo golpeadas por la pandemia y la recesión mundial, y tenemos que aprovechar esta oportunidad para reconstruir mejor. No para regresar a la situación anterior. No para agravar el nacionalismo y los intereses mezquinos. Sino para crear, gracias a la solidaridad internacional, sistemas que se basen en la visión de Hernán Santa Cruz, puesto que todos los derechos humanos, los derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales, así como el derecho al desarrollo, sientan las bases de una paz y desarrollo duraderos.

El pueblo de Sudán conoce la importancia de esta labor. Me complace poder contar con sus ideas al respecto.