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Noveno Foro anual sobre empresas y derechos humanos:
“Prevención de las violaciones de derechos humanos relacionadas con las empresas: la clave para un futuro sostenible para la población y el planeta”


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Discurso preliminar de Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
Ginebra, 16 de noviembre de 2020

Distinguido Presidente del Consejo,
Miembros del Grupo de Trabajo sobre empresas y derechos humanos,
Honorables ponentes,
Colegas y amigos,

Me complace darles la bienvenida al 9º Foro anual de las Naciones Unidas sobre empresas y derechos humanos.

Saludos a los que participan por primera vez, en especial a los defensores de los derechos humanos y a los representantes de los trabajadores, las comunidades y las empresas.

El propósito de este evento consiste en hacer un balance de las tendencias y retos generales a la hora de adoptar y aplicar los Principios rectores de las Naciones Unidas sobre las empresas y los derechos humanos, respaldados por unanimidad por el Consejo de Derechos Humanos en 2011 al mismo tiempo que el Consejo creaba este foro anual.

El Foro se ha convertido, desde su primer encuentro en 2012, en el mayor evento mundial sobre las empresas y los derechos humanos en el que participan múltiples interesados.

Acojo con agrado el enfoque de este año sobre el modo en que los Principios rectores pueden desplegar su potencial para evitar las violaciones de derechos humanos relacionadas con las empresas, lo que resulta clave para un futuro sostenible para la población y el planeta.

Colegas,

Nos enfrentamos a grandes retos.

A una pandemia en materia de salud que se ha cobrado ya más de un millón de vidas.

A pandemias paralelas de desigualdad, discriminación estructural e información errónea.

A una emergencia climática acelerada.

A países que se están aislando y a gobiernos que utilizan medidas contra la COVID-19 para reprimir la oposición e impulsar medidas restrictivas que limitan los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Al aumento del descontento popular y a la desconfianza en los gobiernos.

Y a una recesión profunda: la peor desde la Gran Depresión de 1930.

La promesa de poner fin a la pobreza antes de 2030 se aleja cada vez más. Según el Banco Mundial, la pandemia y la recesión que la acompaña probablemente dejarán a 150 millones de personas en situación de extrema pobreza para finales de año.

El desempleo va en aumento. La Organización Internacional del Trabajo, OIT, ha estimado que la pérdida mundial de horas de trabajo equivalió a 495 millones de empleos a jornada completa en el segundo trimestre de 2020.

Aunque casi todos los trabajadores se han visto afectados, la crisis ha azotado con especial dureza a algunos grupos.

Los datos de la OIT han demostrado, por ejemplo, las repercusiones desproporcionadas sobre las mujeres y han revelado “tendencias alarmantes que amenazan con agravar las disparidades existentes y con eliminar los logros modestos que se habían conseguido en los últimos años en cuanto a la igualdad de género en el mercado de trabajo”.

Numerosos trabajadores en todas las cadenas de suministros, en especial los contratados en el sector informal, han hecho frente a dificultades concretas debido, en parte, a la falta de protección social.

Nos enfrentamos a un presente inquietante y a un futuro incierto para el cual solo queda una alternativa: construir un futuro mejor.

Entonces, ¿de qué forma puede ayudarnos el programa de empresas y derechos humanos a conseguir ese fin?

Mi Oficina elaboró unas orientaciones sobre empresas y derechos humanos hace pocas semanas y sobre cómo los Principios rectores son de aplicación en tiempos de la COVID-19.

Destacaban dos puntos fundamentales.

En primer lugar, la protección de los trabajadores y otras partes interesadas y afectadas, en particular quienes se encuentran en situación de mayor precariedad, debería estar en el núcleo de las medidas de los Estados para apoyar a las empresas durante la crisis.

Además, todas las empresas tienen la responsabilidad independiente de respetar los derechos humanos, incluso en tiempos de dificultad económica y crisis de salud pública, e independientemente de que los gobiernos cumplan con sus propias obligaciones y de cómo lo hagan.

La obligación del Estado y la responsabilidad de las empresas vienen establecidas claramente en los Principios rectores de las Naciones Unidas, los cuales se aplican en todo momento y en todo contexto.

Sé que las empresas se han enfrentado a decisiones complicadas. Las pequeñas y medianas empresas, así como los negocios de la economía informal, en particular, se han visto más afectados. Muchos han bajado la persiana, mientras que otros luchan por sobrevivir.

Con todo, y a pesar de las dificultades, los gobiernos, numerosas empresas e inversores han adoptado medidas para salvaguardar a las personas en sus respuestas ante la crisis.

Algunas compañías internacionales se han comprometido a recibir y abonar los pedidos de sus fabricantes en lugar de recurrir a las cláusulas de fuerza mayor, lo que contribuye a garantizar los medios de subsistencia de los trabajadores en su cadena de suministro. Las cadenas globales de suministro de alimentos y medicamentos han quedado garantizadas pese a las crisis del mercado.

Las empresas de la industria textil, farmacéutica y sanitaria han respaldado a los gobiernos en sus respuestas a la crisis sanitaria. Las empresas de telecomunicaciones han apoyado el acceso a las plataformas tecnológicas modernas para garantizar la educación a distancia. Algunas empresas de medios sociales han mejorado los sistemas de alerta que identifican las alegaciones falsas o engañosas, las cuales podrían repercutir negativamente en las personas o las comunidades. Y se han lanzado políticas corporativas para acabar con el abuso sexual y fomentar una distribución equilibrada de géneros en las tareas de cuidado.

Resulta alentador observar que cada vez más empresas reconocen su responsabilidad corporativa de respetar los derechos humanos, incluso durante la pandemia.

Sin embargo, lamentablemente, todavía asistimos a prácticas empresariales poco escrupulosas, que siguen generando sufrimiento humano evitable e inaceptable.

Muchos trabajadores han sido despedidos sin ninguna indemnización justa. Otros han estado expuestos a riesgos para la salud por la omisión por parte de las empresas de tomar las precauciones de seguridad necesarias. La salud de comunidades enteras, incluidas las poblaciones indígenas vulnerables, ha corrido peligro como resultado de actividades empresariales en curso, sobre todo en el sector de la minería y del petróleo. Las garantías medioambientales y los requisitos de participación y consulta a las partes interesadas se han eludido o ignorado.

La pandemia y las medidas gubernamentales de respuesta también están afectando la labor de los defensores de los derechos humanos y del medio ambiente, lo que genera preocupación sobre los efectos negativos de las actividades empresariales.

Rindo homenaje a todas las personas que han sufrido ataques y perdido sus vidas por hablar en favor de sus comunidades. Aunque algunas empresas han alzado sus voces para evitar represalias y defienden públicamente la labor de los defensores de los derechos humanos, resulta verdaderamente lamentable que autoridades gubernamentales y empresas se encuentren detrás de muchos de estos ataques.

El daño infligido a las personas, las comunidades y al medio ambiente por prácticas empresariales irresponsables suele ser grave —cuando no irreversible—, aunque por lo general se puede evitar.

Debemos redoblar el respeto de los derechos humanos, y no retroceder, para construir un futuro mejor.

La antesala del 10º aniversario de los Principios rectores el próximo año nos brinda una oportunidad única para hacer un balance de nuestros esfuerzos colectivos hasta la fecha y para trazar un camino más ambicioso.

A ese respecto, acojo con agrado el proyecto UNGPs10plus, del Grupo de Trabajo sobre empresas y derechos humanos.

La aplicación de los Principios rectores puede mejorar la respuesta por parte de las sociedades a la pandemia actual y ayudarnos a combatir otras crisis, incluidas la emergencia climática y las desigualdades sistemáticas.

Estoy convencida de que este Foro, por medio de su diálogo constructivo, puede ayudarnos a avanzar hacia este objetivo y hacia nuestra meta general de lograr un desarrollo sostenible para todos.

Gracias.