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Ceremonia de recordación en el ACNUDH, en memoria de quienes fueron asesinados mientras defendían los derechos humanos

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Discurso de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet

Estimados colegas:

Muchas gracias por acompañarnos en esta ocasión.

Cada año, en el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, nos congregamos para honrar la memoria de nuestros colegas que fueron asesinados mientras defendían los derechos humanos bajo la bandera de las Naciones Unidas. 

Hace 18 años, el 19 de agosto de 2003, veintidós de nuestros colegas fueron asesinados en un atentado terrorista perpetrado contra la sede las Naciones Unidas en Bagdad. Con anterioridad, otros cuatro habían fallecido en un ataque realizado en Rwanda, en 1997. En 2010, dos colegas murieron en el terremoto de Haití. Y dos más fueron abatidos a tiros en dos atentados distintos cometidos en Afganistán, en 2011 y 2015.

Muchos otros miembros del personal de las Naciones Unidas han caído mientras trabajaban para hacer de este mundo un lugar mejor. Es incontable el número de activistas que han sido asesinados mientras defendían la causa de los derechos humanos.

Hoy lloramos su pérdida y rendimos tributo a su valor y su compromiso.

También honramos a los colegas que sobrevivieron a esos crímenes y esas tragedias, así como a sus allegados: familiares, amigos y compañeros de trabajo. Quiero reiterar hoy mi solidaridad con los aquí presentes que perdieron a algún ser querido en esa horrenda explosión y a los colegas supervivientes, que todavía padecen las secuelas y los recuerdos de ese acto criminal. 

Recordamos la dedicación y el liderazgo de Sergio Vieira de Mello y su equipo. Recordamos el compromiso de nuestros colegas muertos en Rwanda y Haití. Recordamos la pasión de nuestros colegas caídos en Afganistán.

Honramos su legado tratando de seguir su ejemplo y continuar su labor. Defendiendo los valores universales consagrados en los derechos humanos. Renovando la solidaridad que nos une en torno a esos valores compartidos. Cuidándonos mutuamente y apoyando a los afligidos por circunstancias excepcionales. 

Nuestro trabajo contribuye a salvar vidas. Nuestra labor desactiva el odio y la violencia. Nos esforzamos en crear sociedades mejores, con más recursos, en las que ocurran menos tragedias; y cuando estas ocurren, dotamos a las personas de los instrumentos para superarlas.  

La tarea de proteger los derechos de las personas que corren el riesgo de padecer injusticias también significa que debemos intervenir cuando el peligro las amenaza. Resistimos a su lado. Damos un paso al frente y nos manifestamos en pro del cambio.

Para los caídos que honramos ahora y para muchos de nosotros, esa labor es el trabajo de toda una vida, la oportunidad de contribuir a transformar la existencia de muchas personas, así como un don, que nos motiva y confiere sentido a nuestra trayectoria vital.

Las Naciones Unidas exigen que cada uno de nosotros aporte a su trabajo lo mejor de sí mismo. Pero también es preciso que cuidemos lo mejor posible de nuestros colegas. 

No podemos prevenir totalmente los traumas y las dificultades -eso es imposible en una profesión como la nuestra-. Pero sí podemos tratar de responder con más profesionalidad, mejorar como resultado de ese esfuerzo y apoyarnos mutuamente en el empeño.

En el último año y medio, hemos afrontado problemas que para todos fueron novedosos. Pero, a pesar de las medidas de clausura, la falta de contacto social, la ausencia de nuestros seres queridos durante largos periodos, -y, lo que es aún más trágico, las pérdidas que algunos hemos tenido que soportar- el trabajo de nuestra Oficina ha estado a la altura de las circunstancias. Nos hemos adaptado, hemos perseverado y hemos cumplido nuestros objetivos.  

He contraído el compromiso de velar por que cada uno de ustedes disponga del asesoramiento y los cuidados pertinentes -sin estigma de ningún tipo- para contribuir a la recuperación y resolución de cualquier trauma, incluso de los que puedan derivarse de actos dolosos, y de apoyar su bienestar, tanto en el hogar como en la Oficina, de modo que todos logremos proseguir con nuestra difícil tarea.  

Me conmueve y me llena de orgullo la valía de todos ustedes, el personal que conforma esta Oficina, y me emociona el coraje y la dedicación que demuestran cada día.

Hoy, que rendimos tributo a la memoria de nuestros colegas fallecidos, les doy las gracias por sus servicios.